sábado, 30 de abril de 2016

Machu Picchu Portento de la arquitectura inca

Por: Federico Kauffmann Doig
Doctor en Historia y Arqueología, docente universitario de largo trayectoria, 
connotado investigador de la cultura peruana
Foto:http://www.freepik.es

RESUMEN


Hace un siglo, el mundo quedó atónito al escuchar las primeras noticias sobre la existencia del majestuoso monumento de Machu Picchu y la hazaña constructiva que revela. Las mismas fueron propagadas por Hiram Bingham luego de su arribo a Machu Picchu, el 24 de julio de 1911. El presente trabajo pretende informarnos de los antecedentes de su descubrimiento, del registro de su existencia en mapas y cartas de antiguos exploradores, del origen de su nombre, de la función que cumplió en la vida y rituales ceremoniales durante el Incario, de su ubicación geográfica y del material arqueológico encontrado este soberbio monumento arquitectónico.

Palabras clave: Machu Picchu, Huayna Picchu, camino inca, arquitectura inca.

Machu Picchu (Matshu Piktshu), joya de la arquitectura incaica, es una de las maravillas del mundo. Su carácter portentoso expresa el talento constructivo  del hombre en conjunción armónica con el imponente paisaje, y   precisamente por ello, la UNESCO ha declarado a Machu Picchu Patrimonio de la Humanidad, por su doble condición de exponente cultural y natural. Posteriormente, en concurso internacional, Machu Picchu fue incluido en la lista de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo....

El mundo descubre Machu Picchu
Hiram Bingham (1875-1956), historiador y profesor de la Universidad de Yale, llegó al Perú en 1911 en busca de la legendaria ciudad de Vilcabamba (Vilcapampa), levantada por Manco Inca luego de atrincherarse en 1537 en la inhóspita comarca de Vilcabamba, jurando expulsar a los invasores españoles.

Antes de encaminarse a Vilcabamba, en el Cusco obtuvo noticias sobre Machu Picchu. Como estas indicaban que estaba cerca de Mandorbamba, un lugar por donde necesariamente iba a pasar, decidió visitar el sitio.

Siguiendo los consejos recibidos, llegado a Mandorbamba, contactó a Melchor Arteaga, quien confirmó la magnitud de las ruinas. Deslumbrado, Bingham le pidió que lo guiara. Cruzaron un improvisado puente tendido sobre el río Urubamba y treparon las escarpadas laderas cubiertas de tupida vegetación que separa Mandorbamba de Machu Picchu.

Luego de abordar las ruinas, Bingham dedujo que no podía ser la legendaria ciudad de Vilcabamba que buscaba. Por ello prosiguió su camino para cumplir con la meta que se había trazado.
La visita de Bingham reveló Machu Picchu ante el mundo. El tesoro de la arquitectura incaica era hasta entonces ignorado por la humanidad, aunque ciertamente no era desconocido por los campesinos de los alrededores y por ocasionales buscadores de tesoros, tal como dejó constancia el propio Bingham en sus obras.

Así, comenta que fue el niño Pablito Álvarez quien lo condujo hasta el lugar donde asomaban los imponentes muros de Machu Picchu, aún semiocultos por densa vegetación tropical. Al contemplarlos, Bingham escribía atónito en su diario: “Would anyone believe what I have found...?” (¿Quién podrá creer lo que he encontrado?).

Antecedentes  del descubrimiento

Bingham refiere que en el Cusco se le informó del viaje a Machu Picchu que realizó Agustín Lizárraga en compañía de dos campesinos amigos en 1902. Añade que al entrevistarlo le “vendió una o dos vasijas que aseguraba provenían de Machu Picchu”.1  En sus obras alude también a la inscripción que Lizárraga dejó grabada “sobre la pared de uno de los más bellos edificios”, grafiti que mandó borrar con justa indignación. En el Cusco se comentaba que antes de Lizárraga, hacia 1894, Luis Béjar Ugarte llegó a Machu Picchu.2
Quienes antecedieron a Bingham en el sitio, carecían de motivación científica. A esos ocasionales visitantes les animaba tan solo el deseo de depredar momias para apoderarse de sus joyas áureas. Eran buscadores de tesoros ocultos. Por lo mismo, José Gabriel Cosio3 sentencia: “Machupiccho ha sido, pues, conocido por muchas personas, aunque su celebridad tengamos que deberla al Dr. Bingham”.

Fue Albert Giesecke (1885-1968), propulsor de la educación universitaria en el Cusco, quien instruyó a Bingham sobre la importancia de Machu Picchu y le animó a hacer una parada en su ruta a Vilcabamba para visitarla. Apenas un año antes del arribo de Bingham a Machu Picchu, el propio Giesecke4 se aprestó a visitarla, pero las intensas lluvias frustraron su deseo.

Que el propio Bingham señale en sus obras quiénes lo antecedieron en acceder a Machu Picchu, y que hasta difundiera en sus publicaciones la fotografía de las esposas de dos familias de campesinos que moraban en el sitio y le salieron al encuentro, habla en favor de la seriedad académica con que condujo su misión de explorador. Por ello, aunque no fue el primero en llegar a Machu Picchu, no cabe escatimarle el lugar de auténtico descubridor ni olvidar su condición de pionero en investigarlo, así como el hecho de que haya sido quien divulgó al mundo este excepcional testimonio legado por los antiguos  peruanos.
El maestro Luis E. Valcárcel,5 deseoso de hacer justicia, reconoce en una obra postrera el papel de Bingham en la historia de Machu Picchu:Como sucede con todos los descubrimientos, hubo precursores. En este caso, esos precur- sores fueron personas sin preparación para apreciar el valor de los monumentos que tenían ante sus ojos. Revela estrechez mental restar méritos a quien fue el primero en darse cuenta del gran valor de aquello que descubría, sobre todo la cabal apreciación de su trascendencia para la historia del hombre americano [...].

Machu Picchu en mapas y documentos antiguos

Según comenta el propio Bingham,6,7,8 habían transcurrido más de 30 años desde que, guiado por rumores, el ilustrado viajero Charles Wiener (1851-1913) trató de alcanzar Machu Picchu. En su mapa del “Vallée de Santa-Ana”,9  este viajero ubicó los topónimos Matchopicchu y Huaynapicchu con pasmosa  aproximación.

Daniel Buck10, por su parte, reparó en una mención cartográfica aún más antigua e ignorada por Bingham. Se trata de los topónimos Machu Picchu y Huayna Picchu que aparecen en el “Mapa de los valles de Paucartambo, Lares, Ocobamba y la quebrada del Vilcanota”, levantado en 1874 por Herman Göhring.11
La toponimia Picho o Piccho asoma en algunos documentos del siglo XVI descubiertos en los últimos tiempos12,13,14. Sin embargo, no se sabe si estos topónimos se refieren a las ruinas o simplemente a puntos geográficos. A pesar de ello, el majestuoso monumento nuca debió ser olvidado.

El mapa de Berns (circa 1867) ha causado revuelo entre quienes buscan fuentes para se- ñalar que Bingham no fue el primero en acceder a Machu Picchu y tildarlo como un farsan- te.15 En el mapa referido, una línea delgada se dirige al lugar donde se ubica Machu Picchu, acotando “Point Huaca del Inca”. El erudito en la investigación sobre quienes antecedieron a


Bingham, Daniel Buck16  advierte que la línea no apunta al sitio “Point Huaca del Inca” sino a otras ruinas correspondientes al complejo de Torontoy, lo que resulta   convincente.

Es probable que sigan encontrándose otros mapas que señalen la posición de Machu Pic- chu. Lo cierto es que hasta ahora ninguno de los conocidos va acompañado de referencias acerca de este monumento. En la discusión acerca de si se debe o no considerar a Bingham como “descubridor” de Machu Picchu, lo importante sería encontrar por lo menos unas líneas escritas con anterioridad a los artículos y libros publicados por el explorador norteamericano.

El nombre

Machu Picchu suele traducirse como “cumbre mayor” (machu = “mayor”, viejo; picchu = “cumbre de un cerro”). Dado que esta denominación alude solo a un accidente geográfico, no debe ser la que originalmente designó al  monumento.

Puesto que la voz picchu no figura en los vocabularios antiguos, como el de Diego González Holguín17 o el más reciente de Ernst W. Middendorf,18 surge la sospecha de que el topónimo sea corrupción de la voz española pico en su sentido de cumbre. González Holguín indica que “cumbre de monte” se traduce al idioma de los incas como orcop uman (“cabeza de cerro”), al igual que Middendorf, quien afirma que equivale a orkoj uman. Tal vez por eso mismo, José Uriel García19  recusa que picchu deba traducirse por “cumbre”, y, dando por sentado que Machu Picchu fue el nombre original, sugiere que es sustantivo neutro que deriva del verbo picchay (“acto de masticar la coca”).

Machu Picchu en el marco del Incario

A juzgar por la forma constructiva que acusan los soberbios muros de Machu Picchu, esta hazaña de arquitectura e ingeniería civil debe remontarse al Incario, cuando gobernaban los incas Pachacútec y Túpac Yupanqui. Por su parte, los objetos de cerámica y metal excavados confirman lo expuesto, si bien consideramos que no fueron facturados en Machu Picchu mismo.

En rápidas conquistas, admirables por cierto, dadas las dificultades de desplazamiento que presenta la región andina, estos soberanos forjaron el Incario, que, al arribar los europeos,   se extendía desde la frontera ecuatoriano-colombiana hasta el norte de Chile, Bolivia y el noroeste de Argentina.

Se estima que el expansionismo incaico se inició hacia 1438, y por tanto se supone que Machu Picchu debió ser construido con posterioridad a esa fecha, aproximadamente durante el último tercio del siglo XVI, es decir, solamente anterior en medio siglo a la irrupción española, durante la última etapa de la civilización peruana ancestral, cuyos antecedentes se remontan a unos 5000 años.

Ubicación geográfica

Machu Picchu emerge en el corazón de un paisaje de cumbres imponentes cubiertas por exuberante flora selvática. Al igual que otros monumentos de su entorno, en algo similares, fue edificado en una región relativamente próxima al Cusco, entre los ríos Vilcanota-Urubamba y Apurímac, correspondientes a predios de Vilcabamba que se caracterizan por abruptas laderas y un paisaje de bosque de neblina, propios de la región de los Andes Amazónicos. Definitivamente, un entorno muy distinto a los espacios cordilleranos y costeños del Perú.

La denominaciónde Vilcabamba fue dada a la comarca poco después de la invasión española, por extensión del nombre del valle, conocido también como Vitcos, centro neurálgico de la guerra de resistencia contra la invasión española protagonizada por un hermano de Atahualpa, Manco Inca, y los que le sucedieron en el mando. La estrategia de los “incas de Vilcabamba” de atrincherarse en aquella agreste comarca por ser casi inexpugnable, les permitió oponer resistencia a la conquista española por cerca de 40 años, de 1537 a 1572.

Descripción sumaria

Machu Picchu se presenta en toda su magnitud y esplendor desde el abra llamada de Intipuncu (Intipunku), situada a un kilómetro de distancia en el cerro de Machu Picchu. Las construcciones emergen rodeadas de altas y abruptas cumbres nevadas, en medio de un paisaje de vegetación tropical típica de los Andes Amazónicos. Están situadas a 2400 msnm, en las coordenadas 13º 32’ 23” LS y 72º 32’ 34” LO, y se extienden a lo largo de 800 m sobre una desnivelada lomada que se ubica entre los picachos Huayna Picchu (Waina Piktshu) y Machu Picchu. Ellas se asientan sobre una formación geológica cuyo perímetro fue cortado perpendicularmente, generando precipicios que se proyectan por 400 m, hasta alcanzar las rugientes aguas del cañón del Urubamba, que forma aquí un impresionante meandro que abraza por tres de sus lados a los cerros Machu Picchu y Huayna Picchu.
Una visión de conjunto permite advertir dos grandes áreas en Machu Picchu: La Zona Agraria y la Zona Urbana. La primera está conformada por campos de cultivo, y la segunda, por diversas edificaciones.
La Zona Urbana presenta a su vez dos sectores: el Espacio Sagrado y el Espacio Residencial. Cada uno agrupa construcciones con número variado de recintos. En ambos espacios, las edificaciones —o grupos de ellas— reciben nombres convencionales, por lo general acuñados por Bingham.

El Espacio Sagrado incluye la espectacular escultura conocida como Intihuatana, que Johan Reinhard considera imita simbólicamente los contornos de la montaña sagrada o Apu de Huayna Picchu. Otro recinto de especial importancia es aquel conocido como Templo Principal. También destaca la sucesión de recipientes unidos por un canal central, destinados al culto del agua. Escalinatas de piedra, inclusive algunas talladas en la roca misma, conducen a los diversos conjuntos y recintos.

La mampostería no es homogénea. Mientras que en El Torreón se muestra magistral, en otros sectores aparece descuidada. Son frecuentes los espacios determinados solo por tres paredes. Se les denomina huayranas (wairanas), y debieron servir para deshidratar y conservar comestibles.

Destacan también las grandes proezas en materia de ingeniería civil investigadas detenidamente por Kenneth Wright20,21 y los expertos que lo acompañan.

Se llega a Machu Picchu por una calzada principal conocida como Camino Inca, que empieza en Qoriwayrachina (Qoriwairatshina), en el kilómetro 88 de la vía férrea, o en Pisca- cucho (Piskakutsho), en el kilómetro 82, y recorrerlo demora unos 3 días. Transitarlo no solo permite admirar un paisaje grandioso, sino también portentosos monumentos arqueológicos como Phuyupatamarka (Phuiupatamarka) y Wíñay Wayna (Winiai Waina). De Machu Pic- chu mismo parten o llegan otros caminos que conducen a imponentes centros arquitectóni- cos ubicados en la comarca, tal como Choquequirao.

Expediciones

Las primeras expediciones a Machu Picchu fueron organizadas y conducidas por Bingham, un año después de su primera visita, en 1912, y luego en 1914-1915. En ambas participaron expertos de distintas especialidades que hicieron de ellas expediciones interdisciplinarias cuya magnitud no se ha repetido hasta  ahora.

Por otro lado, se debe recordar que las excavaciones realizadas entonces no fueron ortodoxas desde el punto de vista actual, como tampoco lo serán las que se ejecutan al presente y de aquí a unos decenios.

Desde hace más de medio siglo se realizan continuas obras de conservación como de restauración, aunque las últimas no siempre se ajustan a las normas establecidas por la UNESCO, como bien señala Wolfgang W. Wurster.22 Paralelamente, aunque de  modo  aislado, se desarrollan exploraciones, salvo las emprendidas desde 1974 con gran eficiencia por Kenneth R. Wright en compañía del arqueólogo peruano Alfredo Valencia y otros expertos.23,24

El material excavado

Como resultado de las excavaciones primigenias dirigidas por Bingham, se obtuvo un apreciable material de estudio consistente en objetos de cobre y aleaciones, además de piezas de cerámica, y también centenares de restos óseos y fragmentos de cerámica. Los últimos deben provenir mayoritariamente de un ritual en el que los cántaros eran quebrados, y que se celebraba en Chavín desde hace 3000 años.

Curiosamente, no fue rescatado objeto de oro alguno, lo que no concuerda —según Buck— con la versión de Paolo Greer25 que ha dado pábulo a que se especule en el sentido de que los “inmensos tesoros” áureos de Machu Picchu fueran saqueados por A. R. Berns, con anterioridad a Bingham.

Como ya señalamos, aunque aquellos especímenes no fueron necesariamente elaborados en Machu Picchu, pues la función de aquel monumento, como veremos, tuvo otros objetivos que el de fabricar cerámica u objetos de metal. Lo expuesto parece corroborarse con las excavaciones modernas de Fernando Astete y Rubén Orellana26 (1988) y otros estudiosos, cuyo producto se reduce principalmente a hiwayas o implementos utilizados por los picapedreros.

Los peruanos celebramos que se haya llegado a un entendimiento con la Universidad de Yale, alma máter de Bingham y a la que entregó en depósito el material arqueológico que extrajo de Machu Picchu para su estudio y análisis. La primera remesa de 360 especímenes fue recibida con júbilo en la ciudad de Lima en  2011.

¿Qué fue Machu Picchu?
Son diversas las hipótesis que se han tejido sobre lo que debió ser Machu Picchu. Varias de estas se deben a Bingham, aunque sus opiniones fueron variando a medida que pasaban los años. En un principio descartó que fuese la legendaria ciudad de Vilcabamba. Estimó que pudo ser Tamputoco (Tamputoqo), la mítica cuna de los incas. Finalmente, consideró que Machu Picchu sí debía corresponder a Vilcabamba. Como vimos, también propuso que fue un gran centro que cobijaba a las llamadas “vírgenes del Sol” o acllas (aklias).

En base a documentación antigua,27,28 se ha difundido la idea de que Machu Picchu fue un predio de “propiedad privada” del inca Pachacútec, construido para su solaz. Este infundio se debe a una interpretación hermenéutica incorrecta de la documentación. Al respecto, debe advertirse que los informantes indios, mestizos como españoles, trasladaban los esquemas incaicos tradicionales a conceptos occidentales.

Las tierras aptas para el cultivo en el Perú cordillerano costeño son exiguas y sufren los azotes climáticos desatados por el fenómeno de El Niño. Por ello, la producción de los alimentos resultó tempranamente deficitaria para cubrir la demanda de una creciente población, fenómeno recurrente desde que las sociedades comenzaron a sustentarse utilizando prácticas agropecuarias.Aunque los pormenores de su pasado no lleguen jamás a ser esclarecidos, estimamos que para superar esta problemática, los incas debieron —entre otras acciones tecnológicas— instaurar un vasto proyecto estatal dirigido a extender la frontera agraria. Machu Picchu debió ser uno de los varios centros administrativos de la producción agraria, en proceso de implementación, levantados en la comarca de Vilcabamba. Asimismo, fue sede de culto y rituales destinados a lograr el beneplácito del numen que se presumía gobernaba sobre los fenómenos climáticos que, cuando se producían, hacían que asomara el fantasma del hambre.

Epílogo

Con justicia, Machu Picchu es emblema y orgullo de la identidad nacional. Este monumento seguirá concitando admiración mundial, siempre y cuando se sepa conservar adecuadamente. Para ello se requiere protegerlo de los fenómenos tectónicos que deterioran sus suelos y con ello sus muros, así como acudir a estrategias innovadoras que amortigüen el impacto negativo que soporta el monumento debido al flujo turístico avasallador y creciente.


1   Hiram Bingham. La ciudad perdida de los incas. Historia de Machu Picchu y sus constructores. Santiago, 1949, p. 261.
2    Daniel Buck. “Fights of Machu Picchu”. South American Explorer, 32 (1993), pp. 22-32.
3 José Gabriel Cosio. “Machupiccho. Ciudad preincaica en el valle del Vilcanota”. Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima, 28 (1912), pp.  147-161.
4   Albert A. Giesecke. “Breves apuntes de la vida y obra de Hiram Bingham”. Revista del Museo e Instituto Arqueológico
(Universidad del Cusco), 19 (1961), p. 17.
5  Luis E. Valcárcel. Machu Picchu, el más famoso monumento arqueológico del Perú. Buenos Aires, 1964, p. 68.
6     Hiram Bingham. “The discovery of Machu Picchu”. Harper’s Magazine, 127 (1913), pp. 708-719.
7  Ídem. Lost city of the Incas. The story of Machu Picchu and its builders. New York, 1948.
8   Ídem. La ciudad perdida de los incas. Historia de Machu Picchu y sus constructores. Santiago, 1949.
9 Charles Wiener. Pérou et Bolivie. Paris, 1880.
10  Daniel Buck. Op. cit. p. 29.
11 Herman Göhring. Informe al Supremo Gobierno del Perú sobre la expedición a los valles de Paucartambo en 1873, al mando del coronel d. Baltasar La Torre. Lima, 1877.
12 Luis Miguel Glave y María Isabel Remy. Estructura agraria y vida rural en una región andina. Ollantaytambo entre los siglos XVI-XIX. Cusco: Centro de Estudios Rurales Andinos Bartolomé de las Casas / Archivos de Historia Andina 3,  1983.
13   John H. Rowe “Machu Pijchu a la luz de documentos del siglo XVI”. Histórica, 14, vol. 1 (1990), pp. 139-154.
14  Rafael Varón Gabai. “Machu Picchu: nuevos datos para su historia”. El Comercio. 25 nov., 1993.
15 Paolo Greer. “Machu Picchu before Bingham”. South American Explorers, 87 (2008).
16     Daniel Buck. “Machu Picchu/Polémica. El ‘hallazgo’ de un farsante”. La República. 31 agosto, 2008.
17 Diego Gonçalez Holguín. Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua quichua o del Inca [...].Ciudad de los Reyes (Lima), 1608 (Reed. Lima, 1952).
18   Ernst W Middendorf. Die einheimischen Sprachen Perus. vol. 2. Leipzig, 1890-1892.
19  José Uriel García. “Machu Picchu”. Cuadernos Americanos, 117, vol. 4 (1961).
20 R. Wright Kenneth y Alfredo Valencia Zegarra. Machu Picchu. A civil engineering marvel. Virginia: ASCE Press Reston, 2000.
21 Ídem. Machu Picchu. Maravilla de la ingeniería civil. Lima, 2006.
22 Wolfgang W. Wurster,. “Observaciones acerca de la conservación de monumentos incaicos dentro del parque arqueológico de Machu Picchu”. Visión Cultural (Instituto Nacional de Cultura, Cusco), 4 (2001), pp. 126-128.
23 R. Wright Kenneth y Alfredo Valencia Zegarra. Machu Picchu. A civil engineering marvel. Virginia: ASCE Press Reston, 2000.
24  Ídem. Machu Picchu. Maravilla de la ingeniería civil. Lima, 2006.
25     Paolo Greer. Op. cit.
26 Fernando Astete y Rubén Orellana. Informe Final 1987: Restauración andenes Mandor, Putukusi y aledaños - Machupicchu. Cusco: Instituto Nacional de Cultura - Cusco / MS,   1988.

Referencia de Imagen:
http://www.freepik.es/index.php?goto=41&idd=337691&url=aHR0cDovL3d3dy5zeGMuaHUvcGhvdG8vMjU0NjIw